Relatos prostitutas por que los hombres van con prostitutas

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Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello.

No me interesaban tus excusas. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda.

Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído.

Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años.

Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Y escuché acerca de los prostíbulos en Nevada. Así que fui y probé en uno por dos semanas. En realidad lo hice un fin de semana la primera vez. Y me fui de allí con mucho dinero.

Como mujer madura, me sorprendí. Y los hombres deseaban una mujer madura que disfrutara lo que hacía y yo soy el tipo de mujer que ama a todos los hombres, que ama el sexo, que tiene un inmenso apetito por el sexo. Y para mi fue muy bueno'.

Pero nunca lo hallé. Así que empaqué todo en mi pequeño auto y me mudé a Nevada, sola. Estaba asustada pero fue divertido'. Me jubilé a los 52 años, así que lo hice por muchos años. Nunca tuve una oportunidad de saber quién era yo. Pude explorar lo que yo quería, sin tener las demandas de un esposo tirano e hijos que demandaban toda mi atención. Yo pensaba igual, hasta que fui a Nevada.

Y después descubrí la manera en que el estado de Nevada la controla, es muy estricta. Las chicas deben ser chequeadas todas las semanas asi que les sacamos sangre, para asegurarnos. Y usamos condones de manera obligatoria. Eran hombres solitarios que no habían sido bien tratados por la madre naturaleza que solo necesitaban un toque de delicadeza y una palabra cariñosa, alguien que les escuchara y les disfrutara.

No es lo que se piensa. No es sórdido o asqueroso, no es feo. Es como entrar en la puertas del cielo'. Cada hombre tiene una idea diferente, un disparador diferente que los excita y que los hace disfrutar. Muchas veces tenemos momentos de gran intimidad en los que nos contamos cosas de nuestras vidas. Nuestra relación se basa en la confianza y el respeto mutuos. Alicia, 19 años, Reino unido. A N le intrigaban mi sinceridad y mi franqueza.

A diferencia de otros clientes horribles, no me trata con condescendencia por mi educación o mi edad. Uno de mis favoritos es K, al que le gusta llevar la batuta en nuestros encuentros sexuales. Con el tiempo me he sentido cómoda como para sugerirle cosas nuevas. Siempre tengo la sensación de que mi relación con K evoluciona, no solo profesionalmente, sino como amistad.

Mis mejores servicios han sido con clientes que parecen disfrutar el tiempo que pasan conmigo, no solo por mi aspecto o la calidad del servicio, sino también por mi forma de ser.

Siempre son bienvenidos los clientes limpios, puntuales, que respetan mis límites profesionales y personales y que me pagan bien.

Algunas veces, en mi adolescencia, visité burdeles con mis amigos. España abre el primer prostíbulo de muñecas sexuales. Hay algo fascinante para una mujer que visita un burdel.

Es penetrar en un mundo esencialmente masculino , donde las que no somos prostitutas estamos completamente fuera de lugar.

Es cierto que van adolescentes, que van feos, que van viejos y perdedores. Pero también van tipos atractivos, tipos casados, tipos con experiencia, con novias, exitosos.

Y sin embargo lo es. Hay mujeres que no son putas y que conocen el Kamasutra al derecho y al revés, literalmente. Puede ser cierto para algunos, cuyas parejas son gordas tristes que nunca han pisado un gimnasio.

La incógnita me lleva a sugerir ideas. Les pueden cambiar el nombre para recrear el sexo con una exnovia. Pueden hacer tríos , si eso es lo que quieren. Satisfacer cualquier oscuro deseo o fetiche. Trabajaba como independiente en un prostíbulo popular en el que las mujeres alquilaban cuarto por día. Se paseaba totalmente desnuda por el patio central cuando no le caían clientes a su cuarto. Algunos en lugar de sentirse atraídos pensaban que estaba loca.

A las mujeres no les gustaba que se exhibiera y regaban la bola de que tenía sida. Entre los colegas que venían de Honduras para entrenamientos en Guatemala estaba Francisco, un compañero un tanto nervioso pero buena onda que había venido varias veces. Era bueno en su trabajo y cumplía sus metas de ventas, así que los dueños de la empresa estaban contentos con él.

Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería. Siempre me pareció una buena persona. Al respecto, otra usuaria, también del gremio, añade: Asimismo, existe un consenso claro entre las usuarias: Al respecto, citan la novela de Gillian Flynn , Perdida , que describe la situación al dedillo: Son atractivas y comprensivas.

Respetan mis límites y nunca he sentido miedo a ser robada o violada. Ellas me ven como un ser humano. La verdad es que a veces los hombres te usan como un objeto. Con ellos siempre tengo la guardia levantada. Soy parte de un grupo de apoyo. Conozco tanto las buenas como las malas historias. Tuve una amiga a la que dispararon en la cabeza por rechazar a un cliente.

Algunas han sufrido mucho. Por supuesto, escuchar todo esto y presenciarlo de primer mano ha cambiado mi visión de los hombres. La verdad es que nunca me he sentido amenazada o insegura con una cliente. Tampoco es que crea que pudiesen conmigo, es solo que nunca temo que lo hagan ", confiesa. Ante la cantidad de comentarios que la acusaban de generalizar, la usuaria matiza: En Titania Compañía Editorial, S.

Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Alma, Corazón, Vida Viajes.

Lenny, cuando el humor se convierte en delito 25 mayo, Comienza a conocer prostitutas. Las feministas no aceptaban esta posición: Follaba gratis sólo con los americanos negros. Como todas aquellas que se dedican a este negocio, conoce el perfil heterogéneo del cliente. Para leerlo, debe iniciar sesión:

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